El mecanismo es simple: el cuerpo procesa los líquidos que ingieres en un par de horas. Si te tomas 500 ml de agua media hora antes de acostarte, entre las 2 y las 3 de la madrugada, tus riñones habrán producido suficiente orina como para despertarte. Y una vez que te levantas, cuesta volver a dormir. Al día siguiente estás cansado, tomas más café para compensar, tu vejiga se irrita aún más y el círculo vicioso se retroalimenta.
La solución es tan simple como efectiva: corta la ingesta de líquidos dos horas antes de acostarte. La última vez que bebas agua debe ser con la cena, no después. ¿Tienes sed antes de dormir? Toma solo un sorbo pequeño, apenas para humedecer la boca, no un vaso entero. Evita también el té, el café y el alcohol en esas horas previas, ya que son diuréticos naturales que estimulan la producción de orina.